Una noche en la ópera con Wilco
- PUBLICADO EN PLAYGROUND POR SERGIO DEL AMO EL 16 OCTUBRE 2012.
- CRÓNICA DE WILCO EN EL LICEU DE BARCELONA
Se antojaba grande, pero lo fue aún más de lo esperado. Siempre lo han demostrado, pero ayer más que nunca Wilco volvieron a dejar claro que están por encima del bien y del mal. En esta ocasión no venían con la coartada de presentar en vivo su último “The Whole Love”, ya que hicieron lo propio el pasado año. De modo que esta nueva visita de los de Chicago, ni más ni menos que en el Gran Teatre del Liceu, debía entenderse como un regalo que concedían a esa fiel legión de seguidores que no se pierde ninguna de sus visitas a nuestro país. Del mismo modo que ocurre con Springsteen, da exactamente igual cuantas veces les hayas visto en directo. Siempre tienen la capacidad de sorprenderte, de rizarte el alma con una técnica inhumana y variar sus setlists a su antojo desempolvando joyas que pensabas que nunca oirías en vivo. Emocionante como pocas cosas, Wilco dejaron claro desde los primeros acordes de “Misunderstood” (nunca nos cansaremos de escuchar ese tormentoso clímax final) por qué son unas de las mejores bandas que en la actualidad siguen en activo.
Da exactamente igual si se enfrentan a una pieza menor como “Born Alone” o a un tótem del virtuosismo como “Impossible Germany” que le sirve a Nels Cline para darse su primer baño de masas con ese solo de guitarra (llámese diálogo electrificado) que dispara sin contemplaciones al corazón. Lo suyo es una estocada directa a los sentidos, algo así como un tour de force donde la justa experimentación (los arreglos de “Radio Cure” brotaron entre las paredes del coliseo barcelonés exquisitamente), los fantasmas del country (“Whole Love”) y la sensibilidad no impostada (“I’m Always In Love”) se proyectan pasmosamente hasta una platea que a duras penas puede aguantar la compostura en esa carcelaria silla que le priva de movimiento.
Más allá de esos clásicos que en cualquier concierto de los estadounidenses no pueden faltar para rozar la perfección [“Via Chicago” con su más que justificada ovación, “Heavy Metal Drummer” o ese “Jesus, Etc.” que le sirvió a Tweedy para bromear acerca de que no iba a cantar nada del “Rigoletto” de Verdi], el setlist estuvo plagado de tesoros que los más talibanes recibieron como auténticas ofrendas. Rescataron “Shouldn’t Be Ashamed” de su debut “A.M.”, “Forget The Flowers” y esa “Shot In The Arm” que puso a todos en pie antes de iniciar la primera tanda de bises con “I Am Trying To Break Your Heart”.
Extasiados ante esos músicos que hacen fácil lo imposible (no hubo ni un atisbo de gota de sudor por sus frentes durante las dos horas y cuarto que duró el show), remataron la jugada con un tridente insuperable: la bluesera “I’m The Man Who Loves You”,“Outtasite (Outta Mind)” y “Hoodoo Voodoo”, el festivo tema de Billy Bragg que provocó que Pat Sansone se desatara y se pusiera a bailar como si la vida le fuera en ello ante la atenta mirada de aquellas ornamentaciones doradamente burguesas que nos invadían. Todos acabamos con una sonrisa bobalicona tatuada en el rostro. No es para menos. Lo de ayer sólo puede definirse como histórico.
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