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Una noche en la ópera con Wilco

  • PUBLICADO EN PLAYGROUND POR SERGIO DEL AMO EL 16 OCTUBRE 2012.
  • CRÓNICA DE WILCO EN EL LICEU DE BARCELONA

Se antojaba grande, pero lo fue aún más de lo esperado. Siempre lo han demostrado, pero ayer más que nunca Wilco volvieron a dejar claro que están por encima del bien y del mal. En esta ocasión no venían con la coartada de presentar en vivo su último “The Whole Love”, ya que hicieron lo propio el pasado año. De modo que esta nueva visita de los de Chicago, ni más ni menos que en el Gran Teatre del Liceu, debía entenderse como un regalo que concedían a esa fiel legión de seguidores que no se pierde ninguna de sus visitas a nuestro país. Del mismo modo que ocurre con Springsteen, da exactamente igual cuantas veces les hayas visto en directo. Siempre tienen la capacidad de sorprenderte, de rizarte el alma con una técnica inhumana y variar sus setlists a su antojo desempolvando joyas que pensabas que nunca oirías en vivo. Emocionante como pocas cosas, Wilco dejaron claro desde los primeros acordes de “Misunderstood” (nunca nos cansaremos de escuchar ese tormentoso clímax final) por qué son unas de las mejores bandas que en la actualidad siguen en activo.

Da exactamente igual si se enfrentan a una pieza menor como “Born Alone” o a un tótem del virtuosismo como “Impossible Germany” que le sirve a Nels Cline para darse su primer baño de masas con ese solo de guitarra (llámese diálogo electrificado) que dispara sin contemplaciones al corazón. Lo suyo es una estocada directa a los sentidos, algo así como un tour de force donde la justa experimentación (los arreglos de “Radio Cure” brotaron entre las paredes del coliseo barcelonés exquisitamente), los fantasmas del country (“Whole Love”) y la sensibilidad no impostada (“I’m Always In Love”) se proyectan pasmosamente hasta una platea que a duras penas puede aguantar la compostura en esa carcelaria silla que le priva de movimiento.

Más allá de esos clásicos que en cualquier concierto de los estadounidenses no pueden faltar para rozar la perfección [“Via Chicago” con su más que justificada ovación, “Heavy Metal Drummer” o ese “Jesus, Etc.” que le sirvió a Tweedy para bromear acerca de que no iba a cantar nada del “Rigoletto” de Verdi], el setlist estuvo plagado de tesoros que los más talibanes recibieron como auténticas ofrendas. Rescataron “Shouldn’t Be Ashamed” de su debut “A.M.”, “Forget The Flowers” y esa “Shot In The Arm” que puso a todos en pie antes de iniciar la primera tanda de bises con “I Am Trying To Break Your Heart”.

Extasiados ante esos músicos que hacen fácil lo imposible (no hubo ni un atisbo de gota de sudor por sus frentes durante las dos horas y cuarto que duró el show), remataron la jugada con un tridente insuperable: la bluesera “I’m The Man Who Loves You”,“Outtasite (Outta Mind)” y “Hoodoo Voodoo”, el festivo tema de Billy Bragg que provocó que Pat Sansone se desatara y se pusiera a bailar como si la vida le fuera en ello ante la atenta mirada de aquellas ornamentaciones doradamente burguesas que nos invadían. Todos acabamos con una sonrisa bobalicona tatuada en el rostro. No es para menos. Lo de ayer sólo puede definirse como histórico.

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Wilco electrifica el Liceu

  • PUBLICADO EN EL PERIODICO POR JORDI BIANCIOTTO EN OCTUBRE 2012
  • CRÓNICA DEL CONCIERTO DE WILCO EN EL LICEU DE BARCELONA 2012

En una de sus canciones, Misunderstood, Jeff Tweedy se dirige al personaje central, confuso y «malinterpretado», y le pregunta «do you still love rock’n'roll?» («¿aún te gusta el rock’n'roll?»). Cuando se llevan tantos como Wilco tocando guitarras eléctricas, esta no es una pregunta innecesaria. Pero el grupo de Chicago la respondió anoche en el Liceu con claridad: sí, a Wilco aún le gusta el rock’n'roll, aunque lo entienda de una manera más matizada y evolucionada que hace dos décadas.

Y aunque cada vez le veamos en escenarios más confortables y acomodados. El grupo que en otros tiempos actuaba en salas como Razzmatazz le ha cogido gusto a los marcos mullidos: hace casi un año se estrenaba en el Palau de la Música, y anoche lo hizo en el Liceu, coliseo operístico desmitificado desde que sus muros acogieron el repertorio coplero de Isabel Pantoja. Anoche se registró un doble rito bautismal: para buena parte del público, poco familiarizado con el Gran Teatre, y a la vez, para el coliseo operístico, que acogió el concierto más rockero y electrizante de su historial. Era la tercera visita del grupo en un año (la segunda fue en el Primavera Sound), y quizá por eso el recinto no terminó de llenarse, aunque mostró un aspecto muy saludable.

Wilco abrió, precisamente, con Misunderstood, moviéndose en un escenario ocupado por amplificadores de aspecto antiguo, de banda clásica de rock, y coronado por una veintena de lámparas de mesa colocadas del revés. En las primeras canciones, el grupo mostró sus aptitudes para moverse, en segundos, de la sutileza más minuciosa al desenfreno eléctrico, adaptando a su manera el manual de Neil Young. En esa estética de extremos se situaron Art of almost y You are my face, que cruzaron caminos con el rock fibroso de I might.

MOMENTO ‘GUITAR HEROE’ / Tras citar su última obra, The whole love, el público agradeció sonoramente el viaje al disco Sky blue sky con You are my face e Impossible Germany. Esta última canción, con un largo solo de Nels Cline que le doctoró como guitar hero y que condujo al conocido dueto con Pat Sansone, setentero sin manías y deudor de Thin Lizzy.

Tweedy abrió, por fin, la boca para dedicar amabilísimas palabras a la audiencia, «deliciosa y encantadora», según dijo. Añadió que «Barcelona es un hogar lejos del hogar», confesión comprensible dadas sus repetidas visitas en los últimos tiempos. Por suerte, Wilco no es de los grupos que trabajan noche tras noche con una lista inamovible de canciones, y en el Liceu brindó jugosos cambios de repertorio respecto a las últimas visitas.

El presente, encarnado en piezas como Born alone, Capitol city Whole love, casó sin resbalones con rescates de piezas como Handshake drugs y Radio cure, que mostraron perfiles más estridentes y abstractos. Wilco pudo con todo y quiso serlo todo: un grupo de rock con raíces abierto a la exploración; que mima las composiciones y trabaja intensamente el sonido y presume de técnica. Hasta las estridencias más crudas tenían anoche una textura de alta fidelidad. ¿Algún problema con el perfeccionismo?

Hubo más momentos intensos con Theologians, ese Via Chicago con tormenta incorporada y las apuestas directas de Shouldln’t be ashamed, Heavy metal drummer, Downed on me y Shot in the arm,antes de una tanda de bises que incluyó viajes a Jesus, etc y I’m the man who loves you en un Liceu con las defensas derrumbadas. Sibaritismo sin objeciones.

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Crónica de Wilco en Bilbao (2012)

  • PUBLICADO EN ROCKLIVE POR LARRYPAS EN OCTUBRE 2012
  • CRÓNICA DEL CONCIERTO DE WILCO EN BILBAO 2012.

En el mundo de la música, igual que en todos los órdenes de la vida, hay categorías. Los curritos, honestos y aguerridos, los quiero y no puedo, fatuos pero con un ego a prueba de bombas y la primera división, los alquimistas que convierten en oro todo aquello que tocan (otra cosa es el favor del público). Y Wilco pertenece a esta última, sin duda. Al que esto escribe le gustan sus primeros tiempos, en donde el rock abanderaba su propuesta, estandartes de aquello que se vino en llamar “americana”, término hoy abandonado y denostado, pero que englobaba a aquellos que renovaban los sonidos tradicionales a través del fragor de la electricidad (“A.M.”, “Being there”). Posteriormente les dio por avanzar hacía momentos más psicodélicos, bucles sonoros al servicio de la melodía, que les llevaron al estrellato (“Yankee Hotel Foxtrot”, “A ghost is born”) aun perdiendo la garra primigenia. Su última rodaja digital (“The whole love”), en cambio, supone una vuelta a sus raices, guitarras candentes y un optimismo a prueba de bombas. Más de un año llevan presentándolo y, ésta vez, les ha traído a Bilbao, cursando en un Palacio Euskalduna con media entrada larga, aunque sin llenar, sobre todo las localidades más caras. Y qué bien le vino al escriba que lo pudo ver todo desde una magnífica cuarta fila.

Entre jóvenes atildados para la ocasión, gafas de pasta por doquier y algún representante del rock patrio los Wilco descargaron en un escenario decorado con multitud de lámparas, fondos psicodélicos, una iluminación apropiada y un sonido increíble. Y es que, por momentos, fueron tres guitarras sobre el escenario, o dos y dos teclados, y todos tenían su hueco, rellenando, punteando, desgarrándose. Dos horas de concierto en las que tuvo cabida toda la paleta musical de un grupo en estado de gracia, con un Tweedy pleno a la voz, un Nels Cline estratosférico a la guitarra, una sección rítmica contundente y, a veces, contenida y unos teclados orgánicos, plenos de groove.

Principiaron con alt-country para dar paso al riesgo en forma de loops incansables, distorsión y melodías (“Art of almost”). Con un set de guitarras alucinante (atención a las preciosidades Rickembacker), Tweedy & Co. desgranaron poperos con “I might”, encandilaron con sonoridades americanas y nos epataron con catarsis fuzz tras introito naif al teclado de “Born alone”.

Lejos de pedanterías cool, los Wilco actuales atacan nuestras neuronas y nos epatan con ritmos reconocibles y unos temas que pasan de la contención al desenfreno. Así, en “Imposible Germany” Nels Cline nos acogota con guitarras sangrantes, “Jesus etc” suena optimista, el falsete de “Whole love” retumba en nuestros oídos, roquean en “Box full of letters” y el grupo se sale en el soul atmosférico de “Hate it here”. Los temas crecen lejos de la ampulosidad hasta el desparrame final de “A shot in the arm” con Cline y el teclas desatados. Y en el bis más de lo mismo, country latente que muta por momentos en aquelarre, ritmos bucólicos y ritmanblus reconstruido a ritmo de vodevil.

Y los Wilco se retiraron. Antes, nos ganaron para la causa diciendo que Bilbao es la ciudad “pequeña” más bonita del mundo (los de aquí ya lo sabíamos pero está bien el arrullo del halago), y consiguieron dejar la sensación en el que esto escribe de que no habrá concierto mejor este año.

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Wilco exhibe su vigoroso clasicismo en el San Miguel Primavera Sound

  • PUBLICADO EN LA VANGUARDIA POR ESTEBAN LINÉS EL 1 DE JUNIO 2012.
  • CRÓNICA DEL CONCIERTO DE WILCO EN EL PRIMAVERA SOUND DE BARCELONA 2012.

La primera jornada del San Miguel Primavera Sound en el Parc del Fòrum comenzó a adquirir su habitual rostro de colorido y abigarramiento cuando a partir de las diez de la noche comenzaron a aparecer los grupos que son garantía, en el caso de ayer, Wilco, Death Cab for Cutie.o Beirut.

El caso de Wilco, pese a ser ya muy conocido, fue nuevamente ejemplar. Grupo que ha hecho de este festival algo muy suyo, la contención exhibidas en algún concierto anterior no hizo acto de presencia. Todo lo contrario. El sexteto de Tweedy cumplió con el guión de congregar una multitud (pero no tan numerosa como la que reunió Beirut a la misma hora), y de ofrecer una concierto extraordinario, repleto de clasicismo y composiciones poco habituales. La solvencia de la banda se expandió por las estilísticas de 16 temas, aunque la lección alcanzó el cénit con un Impossibly Germany donde brilló el descomunal Nels Cline.

La solidez del rock estadounidense también tuvo otro par de representantes privilegiados en Death Cab for Cutie y en el guitarrista y cantante Lee Ranaldo, que ofrecieron muestras de su arte maduro y radicalmente distinto. Ranaldo, elemento insustituible de Sonic Youth y que permanece a la espera de lo que ocurre tras la anunciada separación de la banda, está ofreciendo en directo, aumentado y enriquecido, el contenido de su reciente álbum Between the times&the tides. Desgraciadamente no se alargó más allá de unos cicateros tres cuartos de hora, pero aún seguimos boquiabiertos ante la lección. Como también fue impecable, perfeccionista incluso y sin duda hermosa, la dosis de música ofrecida por los ya intocables Death Cab for Cutie, que con su disco Codes and keys han vuelto a recuperar la sonrisa propia y ajena. Y lo hicieron con un derroche de emocionante estética.

Todo lo contrario a lo que demostraron unos reunificados Afghan Wigs, espectacular banda con ampuloso rock un punto autocomplaciente, y que venía con la fama de hilvanar uno de los shows más impecables del circuito actual. Más allá de un despliegue lumínico monótono, la función, además de larga, fue seguida por un público moderadamente expansivo.

El arranque del primer día del macrofestival se vio empañado por dos hechos de distinta índole. Por un lado, el caos que se registró durante toda la mañana hasta entrada la tarde en el trámite de acreditaciones. La exasperante lentitud del año pasado se reprodujo y se amplió con unos fallos informáticos que no se corresponden con una convocatoria que es modelo y referencia internacional. Por otra parte, el sonoro encontronazo de la dirección del certamen con un periodista de El Periódico que había criticado el día anterior la mala ubicación de los artistas catalanes en el programa de conciertos, algo chocante con el buen momento del pop-rock del país. La crítica recibió como respuesta la retirada de la acreditación del periodista por parte de los responsables del festival, aunque se retractaron a primera hora de la noche de ayer.

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Wilco en Discos Revolver

  • PUBLICADO EN EL PAIS POR JOAN FOGUET EL 1 JUNIO 2012

Tras triunfar ante 50.000 personas en el San Miguel Primavera Sound, los norteamericanos Wilco se han levantado esta mañana y se han dirigido al corazón de Barcelona para ofrecer un regalo. Concretamente, el sexteto de Chicago se ha plantado en Discos Revólver, histórica tienda de discos regentada por Jesús Moreno y Alfonso Surera, para ofrecer un concierto íntimo, de esos de los que solo se enteran los muy fans o los muy avispados. A las 13.10 horas, Jeff Tweedy, tocado con su sombrero habitual, ha iniciado un bolo perfecto. Ocho canciones, entre las que se han contado Whole love, War on War, California Stars y Heavy metal drummer, han balanceado a la audiencia. Ya se sabe que a los indies les gusta mover la cabeza. A los sesenta seguidores que han conseguido entrar en el comercio y a los casi doscientos fanáticos que estaban en la calle Tallers, intentando captar algunas notas. “Se oía bien”, comentaba después Jordi, que incluso ha hecho fotos desde la lejanía. Aunque, en algunos momentos la mesa de mezclas ha brillado por su ausencia, pero nada que estos artesanos de la música no pudieran capear.

Wilco se ha presentado bien fresco a pesar de recogerse tarde ayer en el Parc del Fòrum. Con el alma mater Jeff Tweedy y el bajista John Stirratt al frente y seguidos por el notabílismo guitarrista Nels Cline, los multiinstrumentistas Pat Sansone y Mikael Jorgensen y el batería Glenn Kotche, han trabado un recital perfecto. Sin altibajos, coherente y exquisito. Muchos quisieran sonar tan bien en sus álbumes como Wilco suena en un local de 60 metros cuadrados (la planta inferior) rodeados de discos de Tom Petty y de Kiss; muñequitos de Queen o Red Hot Chili Peppers; y camisetas de Motörhead y Neil Young. Lo que es una tienda de música de toda la vida.

¿Y qué hacen en una tienda de discos? No es que los chicos de Wilco se hayan vuelto locos, en Estados Unidos acostumbran a tocar en comercios musicales, aunque más grandes que Revólver, claro. Lo hacen para conectar con un espacio que sigue siendo prescriptor en esto de la música, “aunque sea muy duro”, como cuenta Jesús Moreno. Lo cierto es que hace un mes los mánagers de Wilco dieron el visto bueno al pequeño concierto en Revólver porque “les gustó el rollo”.

En los tres cuartos de hora que ha durado el concierto, Tweedy ha ido lanzando chanzas entre canción y canción, del tipo: “¿Fuera se nos oye con retraso?” o “Gracias por cantar con nosotros”, cuando la timidez del público no acompañaba los himnos de los norteamericanos. Cuando un joven de camisa de cuadros ha pedido Misunderstood, Tweedy ha replicado con una sonrisa: “Ufff, este no es tema para esta hora de la mañana”. Risas. El público no estaba entregado, el público era Wilco.

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Entrevista a Nels Cline: “Wilco es un proyecto sin dramas, relajado, tranquilo” (2012)

  • PUBLICADO EN EL PERIDODICO POR JUAN MANUEL FREIRE EL 31 MAYO 2012
  • ENTREVISTA A NELS CLINE EN EL PRIMAVERA SOUND FESTIVAL 2012.

Surgida de las cenizas de Uncle Tupelo (grupo icono del country alternativo), esta banda rock de Chicago explotó en el 2002 con un disco que, curiosamente, su sello discográfico rechazó: Yankee hotel foxtrot. Después de A ghost is born (2004), rebajó su cuota de osadía, pero Wilco sigue siendo sinónimo de música americana en su mejor y más elevadora expresión; su líder Jeff Tweedy es un compositor e intérprete magistral.

Triunfadores majestuosos del Primavera Sound en el 2010, este año regresan al festival barcelonés para presentar hoy en el Parc del Fòrum (23.00 horas) The whole love (2011), colección ecléctica e inspirada con hallazgos como la inicial Art of almost. Este diario tuvo la oportunidad de conversar con su guitarrista Nels Cline, considerado uno de los mejores del mundo.

-Antaño conocidos por sus tormentas internas, Wilco tienen la misma formación más o menos desde el 2004. ¿Cómo han evolucionado las dinámicas de la banda desde entonces? En términos de composición, contribución de ideas, etcétera. -Curiosamente, el primer disco de estudio que grabamos con esta formación, Sky blue sky (2007), fue más colaborativo que The whole love (2012). Cada uno contribuye algo a los arreglos, pero en esencia, Jeff [Tweedy] es el director de la orquesta y lo que él dice es la clave. No piensen tampoco que hay dramas. Somos un proyecto relajado, tranquilo. Quizá Pat [Sansone, multiinstrumentista] haya aportado bastante musicalmente a The whole love, pero su caso es distinto, porque él es, además de músico, coproductor del disco.

-¿Y cómo ha cambiado el directo? Su actuación en el Primavera Sound del 2010 fue bastante contenida. ¿Ahora se conocen más y hay más vía libre para la improvisación? -En general, seguimos sin salirnos demasiado del material original. Aunque las canciones más antiguas suenan distintas a como lo hacen en el disco. Incluso algunas de Sky blue sky lo hacen. La principal diferencia entre el material grabado y el directo es que la música de los discos se compone de mil capas que en el escenario no se pueden reproducir, a menos que lleves pregrabados, cosa que no nos gusta. Compensamos los cambios de densidad con energía.

–The art of almost -el primer tema del nuevo disco- parece algo engañoso; es tan directo y a la vez experimental como los mejores hallazgos de Yankee Hotel foxtrot (2002) y A ghost is born (2004). El resto del álbum, en general, no suena igual.

-Lo sé, suena como separado. Es una larga historia. Cuando Jeff llega con una canción, a veces es, simplemente, un concepto vago. En este caso apareció con un groove lento, a medio tiempo. Grabamos maquetas durante un tiempo, de forma relajada. Parecía algo salido del Pour down like silver de Richard Thompson. Pero de repente, me encontré con un groove subdividido y capas de sinte de Mikael [Jorgensen, teclista]. Jeff me pidió que prácticamente me cargara la guitarra con un solo. Seguí instrucciones. La canción quedó genial.

-El último tema, One sunday morning, es el segundo más experimental de la colección. -Es una buena forma de abrir y cerrar: usando los temas más extraños y épicos.

-¿Cuál sería su papel en la banda? ¿Es usted -curtido en los idiomas de vanguardia- quien lleva ahora al grupo hacia los extremos? -En general, mi papel está sobrevalorado¿ La gente tiene la idea de que cojo las canciones y las hago arder (risas). Y solo hago lo mismo que Jeff. Tratar de contribuir lógicamente a la orquestación de la canción. Decidir qué debe sonar en una canción es más complicado que, simplemente, hacer el loco o improvisar. Hay una delicadeza en nuestra abstracción. Solo he improvisado tocando en directo Forget the flowers. Bueno, también improvisé el solo de Impossible Germany.

-¿En serio? -Sí, cuando hicimos la maqueta. A Jeff le gustó tanto que me dijo: «Haz un buen arreglo de esto y memorízalo, porque así se queda».

-Parece estar disfrutando de los directos de Wilco. Esa parte de gran show de rock que hay en sus recitales parece divertirle. ¿Disfruta en los festivales? -Así es, me llevo bien con la parafernalia (risas). Las luces gigantes, los efectos visuales; todo eso me gusta. No es el corazón de nuestras actuaciones, pero lo disfruto, no me agobia en absoluto. A veces me dejo llevar y salto por ahí (más risas).

-¿Cuáles son sus planes al margen de Wilco? -He estado un tiempo sin sacar disco con otros proyectos. Quizá porque en el 2010 saqué dos. El año pasado di un respiro al mundo. Quizá en verano grabe un disco de The Nels Cline Singers.

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Madrid declara a Wilco todo su amor (2011)

  • PUBLICADO EN PUBLICO POR JAVIER HERRERO EL 2 NOVIEMBRE 2011.
  • CRÓNICA DEL CONCIERTO DE WILCO EN MADRID 2011.
Las cerca de 2.000 personas que han disfrutado esta noche del largo, sólido y variado concierto de Wilco han hecho bueno el título de su último disco, “The Whole Love”, y, aunque no han hincado rodilla, han declarado todo su amor a esta banda estadounidense cerrando el espectáculo en pie y con vítores. Los de Jeff Tweedy, que se han hecho un nombre y con dos premios Grammy merced a su afán experimental y su apuesta por el riesgo, se han lucido en la arena del Teatro Circo Price, en el que además de su faceta más alternativa, han sabido mostrarse cálidos (“One Sunday Morning”), envolventes (“Hummingbird”) y evocadores, como en “Impossible Germany”, que ha llevado al público al clímax. “Estamos realmente felices de estar aquí, hay mucha gente que dice eso, pero nosotros lo decimos de verdad”, ha reconocido en un momento del show el líder de este grupo de Chicago, respondiendo a la calurosa reacción que el público madrileño ha mostrado desde el primer minuto. Ese momento ha llegado poco antes de las diez. Tweedy, tocado por un sombrero y provisto de su guitarra, ha arrancado el concierto meciendo al público al ritmo de los suaves acordes de “One Sunday Morning”, el último tema de su último disco, recibido con una efusiva bienvenida. “¡Te queremos!”, ha gritado alguien de entre el público, haciendo más palpable aún la estrecha relación que Madrid ha establecido con este artista que, bien solo o acompañado, ha pasado por la capital cinco veces en 6 años, la última en 2010, con un show acústico dentro de Los Veranos de la Villa. Tweedy ha vuelto esta vez a Madrid rodeado por su inseparable bajista John Stirratt, el único que permanece de la formación original, así como por Nels Cline (guitarrista), Glenn Kotche (batería), el multiinstrumentista Pat Sansone (que ha asistido a la guitarra y teclados) y Mikael Jorgensen (pianista). La banda ha dado muestras de su vertiente experimental con “Art of Almost”, un tema de siete minutos que pasa por ser el más arriesgado y probablemente el más carismático del nuevo álbum, con una percusión poderosa, arreglos electrónicos y hasta tres guitarra en liza. Los aplausos a sus explosiones sonoras han dado paso a la más cálida “I might”, primer sencillo extraído de “The Whole Love”, que actualiza los esquemas del pop-rock que más les inspira, el que se hizo de mediados de los años sesenta a los setenta y que protagonizó sus discos “Wilco (The Album)” (2009) y “Sky Blue Sky” (2007). El público ha disfrutado por igual de los cortes de factura más clásica, como de esos dulces paisajes del medio oeste en los que, súbitamente, se desencadena un atronador fondo de percusión, que parecen evocar el tiroteo en OK Corral. Así funciona “Via Chicago”, en el que unos apocalípticos segundos silencian la melodía country del comienzo, sólo para permitirla renacer poco después ante los oídos de una concurrencia agradecida por el subidón de pulsaciones y la caricia posterior. Wilco ha alcanzado el ecuador del concierto con el tema que da nombre a su último álbum y con “Impossible Germany”, probablemente la más aplaudida de la noche gracias al meritorio y larguísimo solo de guitarra de Nels Cline, con el que la audiencia ha estallado en un júbilo colectivo. “No tenemos tiempo para esto. Dejadlo para después”, ha dicho un irónico Tweedy, que varias veces ha cortado los aplausos del público, deseoso de usar el mayor tiempo posible para desplegar su artillería, como “A shot in the arm”, un tiro vibrante que ha llegado justo antes de los bises, tan generosos como el resto del concierto. En total, han sido más de veinte las canciones del repertorio: “One Sunday Morning”, “Poor Places”, “Art of Almost”, “I Might”, “At Least That’s What You Said”, “Bull Black Nova”, “Via Chicago”, “Jesus Etc.”, “Born Alone”, “War On War”, “Hummingbird”, “Whole Love”, “Impossible Germany”, “Rising Red Lung”, “Standing O”, “Handshake Drugs”, “Dawned On Me”, “A Shot In The Arm”, “Heavy Metal Drummer”, “The Late Greats”, “I’m The Man Who Loves You”, “Red-Eyed And Blue” y “I Got You”. Gracias a Publico.es. Puedes leer este articulo en Publico.
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Wilco, The Whole Love

  • PUBLICADO EN CRAZY MINDS POR JAVI F. EL 15 SEPTIEMBRE 2011.
  • CRÍTICA DE THE WHOLE LOVE DE WILCO

Hace unos días, Jeff Tweedy afirmaba en una entrevista que sus tres solos de guitarra favoritos eran Marquee Moon de Television, Cinnamon Girl de Neil Young y Art of Almost, la canción que abre este The Whole Love. Un órdago a la torera que, dejando a un lado lo revelador de la elección de Tweedy, demuestra que la banda de Chicago no está muy por la labor de dejarse nada en el tintero en este nuevo trabajo. Con un comienzo entre lo arriesgado y lo desafiante, Wilco pone las cartas sobre la mesa desde el primer segundo, cerrando de paso las bocas de aquellos que les acusaban de haberse acomodado en sus últimos discos.

Los siete minutos consagrados a Art of Almost son una auténtica tormenta eléctrica salpicada de ritmos endiablados y con Tweedy como único anclaje con la cordura. No descubro nada si digo que Wilco son lo que son gracias al duende de su líder, sin embargo, The Whole Love, aún manteniendo parte de esta tendencia, deja vía libre al resto de miembros del grupo para que hagan de las suyas. Empezando por Nels Cline, que con su guitarra desbocada en Art of Almost demuestra ser uno de los músicos actuales con más personalidad a las seis cuerdas. Puro nervio sobre el escenario, no le habíamos visto “maltratar” de esa manera su guitarra desde que grabara la ya clásica Impossible Germany o la experimental Bull Black Nova, presente en el último álbum de la banda.

Como tampoco habíamos visto a Wilco transitar caminos tan alejados de la ortodoxia rock desde ese capricho de aromas kraut que respondía al nombre de Spiders (Kidsmoke). En un año en el que grandes nombres del sonido americano de la última década como My Morning Jacket, Iron & Wine o Ryan Adams han sacado o tienen previsto sacar nuevo trabajo, la banda liderada por Jeff Tweedy vuelve a demostrar por qué está en primera línea del panorama musical actual. Lo suyo es la sorpresa continua, la búsqueda de nuevos caminos que, sin exiliarlos del todo de sus raíces country-rock, hacen de cada nueva entrega un reto para el oyente. Tanto que a veces incluso les impide dar salida a su obra, como ya ocurriera con el célebre Yankee Hotel Foxtrot, el cual estuvo condenado al ostracismo durante más de un año antes de ver la luz. Parece que los chicos de Wilco han aprendido la lección y han decidido crear un sello propio (dBpm) con el que poder dar rienda suelta a sus inquietudes creativas. The Whole Love es la primera piedra de este camino sin ataduras que, sin perder el contacto con álbumes como Wilco (The Album) o Sky Blue Sky, nos trae a los Wilco más eclécticos y atrevidos. Hay que remontarse hasta 1996, año de publicación de Being There, para encontrar a los de Chicago produciendo un conjunto de canciones tan rico y diverso como este The Whole Love. Entre el rock vitaminado de I Might o Dawned On Me y el folk solitario de Rising Red Long y Black Moon, la banda encaja un medio-tiempo ‘marca de la casa’ (Open Mind) y un swing con sabor a Nueva Orleans (Capitol City), dentro de un completo menú musical que nace sin intención de convertirse en algo cerrado y muerto.

Ahora que el tiempo ha colocado en el altar discos como A Ghost Is Born o el ya mencionado Yankee Hotel Foxtrot (con todo merecimiento, todo sea dicho), resulta complicado hacer un juicio justo e imparcial con lo que ha venido después. El viejo mito del artista atormentado y en perpetua búsqueda de su camino siempre persiguió a Jeff Tweedy y sirvió de trampolín para elevar a la categoría de clásicos varios de sus álbumes junto a Wilco. Sin embargo, los tiempos han cambiado para la banda. Con su alineación más estable y duradera hasta la fecha, los norteamericanos han logrado encontrar su propio espacio musical desde el que seguir creciendo como banda, sin perder de vista el compromiso con su fiel parroquia de seguidores. Y sí, el amor parece haber hecho mella en ellos, a juzgar por las continuas referencias que encontramos en The Whole Love, y que se destapan definitivamente en el tema que da nombre al LP y que se convertirá, con toda seguridad, en gran himno de la banda. Escuchen el estribillo y juzguen.

Tampoco deberían pasar por alto ese corte final que bajo el título de One Sunday Morning (Song for Jane Smiley’s Boyfriend) escarba en las profundidades del alma de Tweedy, perdiéndose entre el jazz y el folk, convirtiendo esos acordes en una especie de mantra que se alarga hasta los doce minutos. Con el cantante tomando el testigo de los Dylan, Waits y demás poetas metidos a músicos y regalándonos uno de sus mejores arrebatos literarios hasta la fecha, son sus compañeros de banda los que disfrutan desde la barrera con esta pieza para enmarcar. Broche de oro para este nuevo paseo junto a los seis músicos de Chicago, expertos en el noble arte de sacar lo mejor y lo peor de cada uno, capaces de componer una docena de canciones que, desde ya, han robado un trozo del alma de este redactor. Y ya van unas cuantas veces.

Gracias a Crazy Minds. Puedes leer el artículo en Crazy Minds.

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The Whole Love

  • PUBLICADO EN MONDOSONORO POR DON DISTURBIOS
  • CRITICA DE “THE WHOLE LOVE”. PUBLICADO EL 22 SEPTIEMBRE 2011.

Tres discos empieza a ser una cantidad más que suficiente para empezar a valorar, con algo más de fundamento, la nueva etapa que se abrió en el grupo de Chicago tras la llegada de Nels Cline para hacerse cargo de la guitarra solista. Una perspectiva que nos indica que en general una parte de la crítica, entre la que me incluyo, fuimos algo duros con “Sky Blue Sky” (2007), incapaces de digerir la marcha de un personaje con un peso tan específico como Jim O’Rourke, justo en la etapa más determinante de Wilco, la del salto cualitativo en popularidad, prestigio y fama. Tras auténticas barbaridades creativas como “Spiders” o “Hummingbird” no se supo enjuiciar un disco con gemas igual de maravillosas como “Impossible Germany” o “You Are My Face”.

Con “Wilco (The Album)” ya habíamos realizado el duelo y aceptado la deriva de un grupo más hecho y conjuntado que nunca, pero a pesar de canciones excelentes como “One Wing” o “I’ll Fight” seguíamos echando de menos la clarividencia de clásicos como “Jesus etc”, “Via Chicago” “Shot In The Arm” o “I’m Trying To Break Your Heart” más tantos etcéteras. Ahora la nueva etapa, ya no es tan nueva. Ya nos hemos familiarizado con los agudos y clarividentes punteos de Nels Cline y también con la apocada madurez compositiva de Jeff Tweddy. Nos hemos familiarizado tanto que ya no pedimos que cambie radicalmente nada, y menos que experimente o se meta en derroteros que posiblemente no le llevarían a ningún lado. Acomodados, pues, en una situación de privilegio y alejados de la americana inicial para desbrozar su rock de autor puramente genuino, el nuevo trabajo no decepciona. Y en cierta medida no lo hace porque ya hemos aceptado todas las cosas que he enumerado antes y porque transcurre por el reproductor de igual manera que los dos que le precedieron: sin demasiados altibajos, sin canciones que provoquen rechazo, sin salidas de tono.

Al contrario. El disco se inicia con una maravillosa barbaridad que nos hace cobrar unas esperanzas que luego acaban por diluirse un poco. “Art Of Almost” cumple la misma cuota que cumplían canciones como “Spiders” o “Bull Black Nova”, la cuota del rock duro alternativo que tanto nos gusta a los que nos empeñamos en seguir considerando a Wilco como una banda de rock. Solo por este tema inicial la escucha de su trabajo merece la pena, solo por la “zeppeliana” explayada de Nels Cline con su guitarra, ya merece todos los premios cosechados a lo largo de su carrera como instrumentista. Claro que lo malo de poner el listón tan alto desde el inicio es que luego hay que mantenerlo y uno debe capear cierta desilusión de que el disco no continúe la senda de la mala leche. Y eso que “I Might” con un sonido a órgano farfisa que te recordará inevitablemente a los Doors mantiene el tipo, pero luego el tempo se relaja con canciones que buscan la emoción más bella como “Sunloathe”, pero sobre todo “Black Moon” que es, desde su susurro inicial, uno de esos temas que merece pasar a ser considerada desde ya uno de los más importantes de su carrera. Sin embargo en “Born Alone” y sobre todo “Dawned On Me” la banda bordea el pop vitalista y juguetón de la forma en que lo abordaba en “Summerteeth”, logrando en esta última un trabajo notable con silbido optimista de por medio. Tras una balada correcta con el clásico compás de tres por cuatro como “Open Mind”, surgen de nuevo los mejores Wilco con una vodevilesca “Capitol City” que enlazada con la saltarina “Standing O” que se erige en uno de los mejores momentos de un disco que vuelve a la ensoñación con “Rising Red Lung”, pero que recupera el pulso con una excelente “Whole Love” y un broche de gran altura con una acústica, delicada y crepuscular “One Sunday Morning” a la que solo cabe achacar lo excesivo de su duración.

Nos hallamos entonces ante un disco muy sólido que continúa la senda trazada en esta última etapa por la banda y que, pese a no agrandar la leyenda, va más allá de mantener simplemente el tipo pues aporta una nueva muestra de calidad y señorío a la hora de construir canciones. Unos temas que puede que no sean tan atemporales como los clásicos citados al principio de la reseña, pero que nos proporcionarán una inmensa alegría cuando sean llevados al directo. Un disco igualado y muy compensado en las diversas facetas de la banda, y por ello, es para el que esto escribe el mejor disco de los tres que marcan esta nueva etapa de la banda y eso pese a no contener de forma individual tan buenas canciones. Paradójico, pero cierto.

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